sábado, 20 de octubre de 2007

Un poema de Iosif Brodski


Para cambiar de estilo, este poema bastante conocido de Iosif Brodski (1940-1996) resume el recorrido habitual de un sobreviviente ruso del siglo XX


Entré a una jaula en lugar de una bestia salvaje,
quemé mi plazo y mi apodo en la celda con un clavo,
viví junto al mar, jugué a la ruleta,
cené sabe Dios con quién vestido de frac.
Desde la altura de un glaciar miré la mitad del mundo,
tres veces me ahogué, dos veces me acuchillaron,
dejé el país que me nutrió.
Con los que me olvidaron se puede fundar una ciudad.
Vagué por las estepas que recuerdan el grito del huno,
me vestí con lo que está de nuevo a la moda,
sembré centeno, cubrí graneros con negro asfalto,
y solamente agua seca no tomé .
Dejé entrar en mis sueños la pupila acerada del carcelero,
devoré el pan del exilio, sin dejar una miga.
Permití a mi garganta todo sonido, excepto el aullido;
pasé al susurro. Ahora tengo cuarenta.
¿Qué pudeo decir de la vida? Que me ha parecido larga.
Sólo hacia el dolor siento solidaridad.
Pero hasta que llenen mi boca de arcilla
en ella sólo sonará la gratitud.

24 de mayo de 1980

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